Normalmente, las IP son dinámicas, lo que quiere decir que cambian periódicamente. Esto supone un problema, por ejemplo, en los servicios que requieren la identificación exacta de dónde se está conectando, por seguridad.
Una IP fija o estática permite a su empresa disponer de una dirección permanente en Internet. Con una IP fija, su negocio podrá acceder a aplicaciones y servicios que no son posibles con una IP dinámica, además de gestionar sus telecomunicaciones con una mayor seguridad.
